El haz de electrones golpea el protón como una bola de billar a otra. Pero entre ellos no hay vacío: las partículas alcanzan a intercambiarse fotones virtuales y bosones Z, como jugadores que se pasan el balón por la espalda. Ese intercambio altera ligeramente la trayectoria de la dispersión, y en él se esconde una pista de nueva física.
Los cálculos en la red consisten en dividir el espacio-tiempo en celdas diminutas y calcular las interacciones dentro de cada una. Los autores han aplicado por primera vez este método a la contribución del intercambio gamma-Z en la dispersión de electrones en protones. Para una energía del haz de 155 MeV, han obtenido un valor con el doble de precisión que las estimaciones anteriores.
El nuevo cálculo da una carga débil del protón de 0.06987 con un error de solo 0.00050. Es como pesar un grano de arena en una balanza que antes fallaba por dos granos y ahora solo por uno. El experimento P2 que se prepara en Maguncia trabajará a la misma energía de 155 MeV, y sus resultados se compararán con este número.
La energía de 155 MeV es millones de veces menor que la del Gran Colisionador de Hadrones, pero es precisamente a esa energía donde el efecto de la interacción débil se manifiesta con mayor fuerza.