En el material NaAlSi, al enfriarse, los electrones forman un rizado fugaz: franjas que aparecen y desaparecen, como un patrón en el agua al soplar el viento. Estas franjas se entrelazan con la superconductividad, un estado en el que la corriente fluye sin resistencia. Normalmente, para ello los electrones se emparejan con la misma energía de enlace. Pero aquí, la energía que rompe el par, o brecha, cambia al ritmo del rizado: donde las franjas son más densas, el enlace es más fuerte. Algo inesperado según el modelo estándar.
Las simulaciones por ordenador mostraron que las franjas electrónicas reducen el caos en el sistema (los científicos lo llaman disminución de la entropía), y esto precisamente potencia la superconductividad. Paradoja: el rizado, que parece desorden, introduce un orden adicional. El rizado en sí dura apenas billonésimas de segundo, pero logra cambiar las propiedades de todo el cristal. Este descubrimiento acerca la solución al enigma de los superconductores de alta temperatura, materiales que prometen electrónica sin pérdidas.
Las estructuras esmécticas, similares al rizado electrónico, se encuentran en las pompas de jabón y en las pantallas de algunos relojes: su disposición en capas crea irisaciones.
La idea de materiales donde las ondas cuánticas almacenan información recuerda a los cristales de dilitio de 'Star Trek'.