El viento sopla de manera uniforme, pero de repente llega una ráfaga y las hojas se arremolinan. Dentro de esa ráfaga, la velocidad del aire no cambia suavemente, sino a saltos: unas veces hacia adelante, otras hacia los lados. Estos tirones raros y fuertes se denominan intermitencia, y son el gran enigma de la turbulencia.
Durante mucho tiempo, los científicos describieron estos saltos midiendo la velocidad solo a lo largo del flujo, como si miraran un río desde la orilla y siguieran una astilla que flota corriente abajo. Pero el agua también tiene movimientos transversales: remolinos, ascensos, descensos. Resultó que estos tirones transversales son más fuertes y aparecen con más frecuencia de lo que cabría esperar de modelos simples.
Los autores del nuevo trabajo conectaron ambas direcciones en un solo esquema. Mostraron que para los saltos longitudinales de velocidad todo se resuelve con el método antiguo, midiendo a lo largo del flujo. Pero para los transversales se necesitan a la vez datos longitudinales y transversales. Es como si, para predecir las ondas en el agua, hubiera que conocer no solo la velocidad de la corriente, sino también cómo se arremolina el agua cerca de las orillas.
Ahora los científicos tienen una herramienta que ve la turbulencia completa, tanto a lo largo como a lo ancho. Y eso significa que se pueden calcular con más precisión la mezcla del aire en la atmósfera, el movimiento del agua en el océano e incluso los flujos dentro de los motores.
El número de Reynolds de 1300 en este trabajo es como si en una taza de café se removiera la leche tan rápido que los remolinos se descompusieran en miles de pequeños torbellinos, y todos ellos hubiera que tenerlos en cuenta a la vez.