Una gota de café sobre la mesa se seca y deja un anillo: las partículas de café se acumulan en el borde. Si en la gota flotan nanopartículas cargadas, el panorama se enriquece: el sedimento se agrieta como barro en un charco seco. Los físicos estudiaron cómo la carga de las partículas y la superficie sobre la que se seca la gota modifican estas grietas.
En los experimentos se usaron dos tipos de nanopartículas de sílice: unas con carga negativa y otras con carga positiva. Las gotas con ellas se secaron sobre vidrio, poliestireno y teflón, superficies con diferente mojabilidad. Las partículas con carga negativa siempre produjeron grietas radiales que se extendían desde el centro, como los radios de una rueda. Las de carga positiva, líneas quebradas y aleatorias. Con alta concentración de partículas, el sedimento se volvía grueso y se desprendía del sustrato, especialmente sobre vidrio, que se moja bien.
Las mediciones mostraron que la distancia entre grietas y su longitud cambian con la concentración de partículas según una ley de potencia, como el área de un cuadrado crece con la longitud del lado. Esto significa que el patrón se puede predecir de antemano. Estos conocimientos serán útiles en la producción de recubrimientos y en la impresión de electrónica, donde es importante cómo se seca una gota de tinta con nanopartículas.
Si se seca una gota con partículas de carga negativa sobre teflón, las grietas resultan especialmente uniformes: el teflón casi no se moja y la gota se contrae de manera homogénea.