Para distinguir una proteína de otra, es necesario describir su forma y composición. Existen decenas de estas descripciones: longitud de la molécula, carga, solubilidad. Pero no todas son igualmente útiles. Un método llamado Differentiable Information Imbalance (DII) sabe seleccionar las características más informativas, descartando las superfluas.
Los autores del estudio presentaron las características seleccionadas como coordenadas de un sistema físico imaginario. Resultó que al variar el número de características, el sistema experimenta una transición de fase, como el agua que se congela en hielo. Para las características fisicoquímicas, la transición es abrupta: del estado "vítreo" con estructura rígida al "líquido" con mayor libertad. Para las características estructurales, la transición es más difusa.
Lo más interesante: el número crítico de características hallado por el método DII coincide con el punto a partir del cual la precisión de clasificación de proteínas deja de mejorar. En otras palabras, la física indica cuándo los datos ya son suficientes. Esto proporciona una manera sencilla y objetiva de no sobrecargar los modelos con mediciones innecesarias y de ahorrar recursos computacionales.
Así, la física del vidrio ayuda a poner orden en la descripción de las proteínas y a elegir exactamente las características necesarias para un reconocimiento fiable.
El vidrio no es ni un sólido ni un líquido en el sentido habitual: sus moléculas están congeladas en el desorden, como si el tiempo se hubiera detenido.