Las nubes de gas en la Vía Láctea dan a luz estrellas, y las más pesadas de ellas son auténticos gigantes. Antes se pensaba que una estrella así estallaba casi instantáneamente, como una bombilla. Pero una nueva investigación muestra que la estrella crece gradualmente, como una bola de nieve que rueda montaña abajo. Cuanto más rueda, más grande se hace.
Los autores compararon dos listas: las brillantes nubes de gas alrededor de estrellas jóvenes y las propias estrellas. Antes, la discrepancia entre estas listas se llamaba 'problema del tiempo de vida', como si las nubes desaparecieran más rápido de lo que las estrellas tardan en consumirse. Ahora resulta que las estrellas simplemente aún no han terminado de crecer cuando ya se las ve. El tiempo de formación de una estrella de 60 masas solares es de unos cuatro millones de años. Es como si un niño no creciera en nueve meses, sino en varios años, y lo viéramos ya en el jardín de infancia, no en la maternidad.
Este crecimiento lento explica por qué en nuestra Galaxia hay tantas nubes brillantes alrededor de estrellas aún en crecimiento. Antes esto parecía un misterio, y ahora se ha convertido en una confirmación del modelo de formación gradual. La estrella no se enciende como una linterna, sino que se aviva como una hoguera a la que se echan leños.
Una estrella de 60 masas solares acumula materia a un ritmo de aproximadamente una masa terrestre por año, como si cada segundo cayera sobre ella un asteroide.