
La edad de una estrella, determinada a partir de sus propiedades como la luminosidad y la temperatura.La edad estelar es una propiedad fundamental de las estrellas, pero no es directamente observable. En su lugar, los astrónomos la infieren a partir de otras propiedades medibles como la luminosidad, la temperatura y la composición química. Conocer la edad de una estrella es crucial para entender la evolución estelar, la historia de la formación estelar en las galaxias e incluso la edad del propio universo.
El concepto de evolución estelar y datación por edad se desarrolló a principios del siglo XX, con contribuciones clave de Arthur Eddington y, más tarde, del trabajo de Walter Baade y otros sobre cúmulos globulares en la década de 1950.
Las estrellas cambian con el tiempo: queman hidrógeno en sus núcleos, se vuelven más brillantes y más frías a medida que envejecen, y eventualmente evolucionan hacia gigantes rojas o enanas blancas. Al comparar la posición de una estrella en el diagrama de Hertzsprung-Russell (una gráfica de luminosidad frente a temperatura) con modelos teóricos de evolución estelar, los astrónomos pueden estimar su edad. Para cúmulos de estrellas, el punto de giro—donde las estrellas abandonan la secuencia principal—proporciona una edad precisa para todo el cúmulo.
Las edades estelares se utilizan para trazar la historia de formación de la Vía Láctea, para datar antiguos cúmulos globulares (que establecen un límite inferior para la edad del universo) y para identificar estrellas jóvenes que podrían albergar planetas.
El Sol tiene unos 4.600 millones de años, pero algunas estrellas de la Vía Láctea tienen casi la misma edad que el universo, con más de 13.000 millones de años.














