Un ordenador cuántico es como una orquesta en la que cada músico debe tocar con una precisión de una milmillonésima de segundo. Si un instrumento se desafina, toda la sinfonía se derrumba. Por eso, los científicos observaron durante un año entero 27 qubits, las celdas más simples de memoria cuántica. Cuatro veces apagaron el sistema, lo calentaron hasta temperatura ambiente y lo volvieron a congelar casi hasta el cero absoluto.
Los qubits en sí resistieron esta sacudida con una firmeza sorprendente. Su frecuencia principal —aquella en la que "cantan"— se desplazó menos de medio punto porcentual. El tiempo durante el cual un qubit almacena información tampoco empeoró. Pero el entorno de los qubits cambió cada vez hasta quedar irreconocible. Los diminutos defectos del material —llamados sistemas de dos niveles—, que crean interferencias, se barajaron de nuevo tras cada ciclo, como una baraja de cartas.
Es como una casa que se mantiene firme, pero después de cada invierno aparecen nuevos chirridos en las tablas del suelo. Las paredes siguen intactas, pero hay que volver a acostumbrarse a los sonidos. Para los ordenadores cuánticos, esto significa que después de cada encendido hay que reajustar automáticamente cada qubit. Sin ese ajuste, un ordenador cuántico grande simplemente no podría funcionar de manera estable.
tal como lo escribieron los autores, en inglés arXiv:2602.07522
The temporal stability and reproducibility of qubit parameters are critical for the long-term operation and maintenance of superconducting quantum processors. In this work, we present a comprehensive longitudinal characterization of 27 frequency-tunable transmon qubits spanning over one year across four thermal cycles. Our results establish a distinct hierarchy of stability for superconducting hardware. We find that the intrinsic device parameters determining the qubit frequency and the baseline energy relaxation times ($$T_1$$) exhibit high robustness against thermal stress, characterized by frequency deviations typically confined within 0.5\% and non-degraded coherence baselines. In stark contrast, the environmental variables, specifically the background magnetic flux offsets and the microscopic landscape of two-level system (TLS) defects, undergo a significant stochastic reconfiguration after each cycle. By employing frequency-dependent relaxation spectroscopy and a quantitative metric, the $$T_1$$ Spectral Topography Fidelity, we demonstrate that thermal cycling acts as a ``hard reset'' for the local defect environment. This process introduces a level of spectral randomization equivalent to thousands of hours of continuous low-temperature evolution. These findings confirm that while the fabrication quality is preserved, the specific noise realization is statistically distinct for each thermal cycle, necessitating automated recalibration strategies for large-scale quantum systems.
Los defectos de dos niveles son diminutas regiones del material que se comportan como miniimanes que cambian de orientación al azar. Son la principal fuente de ruido en los chips cuánticos actuales.