
Temperaturas cercanas al cero absoluto, como las del helio líquido, donde se minimiza el ruido térmico.El concepto explica cómo la materia transita del comportamiento clásico al cuántico. A temperatura ambiente, las fluctuaciones térmicas superan los efectos cuánticos, pero al descender la temperatura, la longitud de onda de De Broglie de las partículas —la dispersión cuántica de su posición— se vuelve comparable a la distancia entre ellas. Esto conduce a la superposición de funciones de onda y a fenómenos cuánticos macroscópicos. El estudio de temperaturas ultrabajas también ha revelado estados inesperados, como los supersólidos y los líquidos de espín cuántico, redefiniendo nuestra comprensión de la materia condensada.
El campo comenzó con la licuefacción del helio por Heike Kamerlingh Onnes en 1908, quien más tarde descubrió la superconductividad en el mercurio a 4,2 K. El concepto del cero absoluto fue formalizado antes por William Thomson (Lord Kelvin) en el siglo XIX. El desarrollo del enfriamiento por láser en los años 1980, reconocido con el Premio Nobel en 1997, abrió la puerta a temperaturas del orden de nanokelvins.
El mecanismo se basa en extraer energía de un sistema. Para los gases, el enfriamiento por láser utiliza fotones para frenar los átomos, mientras que el enfriamiento evaporativo elimina selectivamente las partículas más energéticas, dejando al resto más frío. Para los sólidos, los criostatos emplean helio líquido o refrigeradores de dilución para extraer calor. A estas temperaturas, la conductividad térmica y la capacidad calorífica cambian drásticamente, y efectos cuánticos como el efecto túnel y la coherencia se vuelven observables. La clave es aislar el sistema de fuentes de calor externas, a menudo mediante cámaras de vacío y trampas magnéticas u ópticas.
Las temperaturas ultrabajas se utilizan en computación cuántica para mantener la coherencia de los qubits, en imanes superconductores para máquinas de resonancia magnética y aceleradores de partículas, y en sensores de precisión como los SQUID (dispositivos superconductores de interferencia cuántica).
A temperaturas por debajo de 2,17 K, el helio líquido se convierte en un superfluido que puede trepar por las paredes de su recipiente y filtrarse a través de poros microscópicos que son impermeables a los líquidos normales.





