Un superconductor ordinario se parece a una fila de soldados marchando en parejas: los electrones se unen y sus espines (peonzas internas) apuntan en direcciones opuestas. El campo magnético voltea fácilmente esos pares, destruyendo la superconductividad.
En UTe₂ todo es distinto. Allí los pares de electrones tienen espines orientados en la misma dirección, como compañeros de baile que se toman de las manos y giran al mismo ritmo. Cuando los físicos aplicaron un campo magnético a lo largo del eje c, los espines apenas cambiaron hasta 5 teslas (unas 100 000 veces más intenso que el campo magnético terrestre), y luego volvieron rápidamente a su estado normal. La superconductividad se mantuvo incluso con campos por encima de ese umbral. Los científicos notaron que cuando el campo se orienta de modo que los espines de los pares se alinean con él, la superconductividad se vuelve más estable.
Este comportamiento recuerda al helio-3 superfluido, un líquido que fluye sin fricción a temperaturas ultrabajas. Quizás UTe₂ sea un pariente sólido de ese líquido exótico. Comprender sus propiedades ayudará a crear dispositivos donde los espines puedan manipularse sin destruir el estado cuántico.
Las peonzas testarudas de UTe₂ no ceden ante el campo magnético hasta el final, y luego se rinden de golpe, pero la superconductividad permanece. Es una ventana a un mundo de materiales que podrían ser la base de los futuros ordenadores cuánticos.
El campo magnético de 5 teslas, en el que los espines de UTe₂ cambian bruscamente de comportamiento, es aproximadamente un millón de veces más intenso que el campo de un imán de nevera.
En la serie 'The Expanse', los superconductores se usan para crear motores y escudos eficientes; superconductores exóticos como el UTe₂ podrían hacer esa tecnología más real.