Los rayos gamma son los destellos de luz más energéticos que nacen en las profundidades de los átomos. Su energía es como una huella dactilar: cada elemento radiactivo tiene su propio patrón. Pero medir ese patrón con alta precisión es como pesar un grano de arena en una balanza colocada sobre un camión que vibra.
La nueva instalación funciona como un termómetro ultrasensible. Los microcalorímetros magnéticos capturan un cuanto gamma y miden un diminuto salto de temperatura, de menos de una millonésima de grado. Ocho de estos detectores apuntan a cuatro fuentes donde se mezclan distintos elementos radiactivos. Con su radiación, el instrumento se autocalibra y corrige imprecisiones.
Como resultado, las energías de 27 rayos gamma se conocen ahora con nueva exactitud. Para cuatro de ellos, la incertidumbre se redujo diez veces. Antes, estas mediciones se hacían con detectores de semiconductores, que eran como una regla con divisiones gruesas. Ahora tenemos un microscopio. Esta precisión es necesaria para poner a prueba las teorías del núcleo, calibrar tomógrafos médicos e incluso buscar rastros de nueva física.
La energía de un cuanto gamma de 105,3 keV se midió con una precisión de 0,13 eV, como la diferencia de peso entre dos monedas idénticas si una recibiera una mota de polvo.
En la serie «Star Trek», el tricorder identifica la composición de la materia mediante su espectro de energía: la nueva tecnología acerca esos analizadores de bolsillo tan precisos.