El cerebro se parece a una gran ciudad: los distritos (las regiones) se comunican entre sí a través de calles (las vías nerviosas). Si los semáforos de un cruce se estropean, el tráfico se detiene. Lo mismo ocurre en el cerebro: si los haces de fibras nerviosas (la sustancia blanca) funcionan mal, las regiones distantes dejan de actuar de manera coordinada y el pensamiento se atasca.
Los científicos tomaron imágenes cerebrales de personas jóvenes y dividieron todas las vías nerviosas en grupos según lo sincronizada que fuera su activación. Obtuvieron así "barrios" de vías, cada uno con su propia función. Luego, estos mismos grupos se identificaron en las imágenes de personas mayores. Resultó que con la edad, la conexión dentro de los barrios se debilita: las señales son menos frecuentes y se interrumpen. Las vías que conectan las zonas de atención, memoria y control son las más afectadas.
Es como una vieja red telefónica: los cables siguen intactos, pero la señal llega con interferencias. Ahora los médicos podrán ver en una imagen cerebral qué "cables" se están desgastando y ayudar a la persona antes de que aparezcan problemas notables de memoria.
La sustancia blanca del cerebro está formada por millones de "cables": los axones. Si se estiraran en una línea, su longitud sería de unos 150 000 km, casi la mitad de la distancia a la Luna.
En la serie "Altered Carbon" (Carbono alterado), la conciencia puede transferirse a un soporte digital. Parece que los científicos están buscando los "cables" por los que se transmite la personalidad dentro del cerebro.