Un ecosistema es como un columpio al que alguien empuja imperceptiblemente. Antes se pensaba que lo importante era que el columpio no se balanceara demasiado. Pero los autores del trabajo muestran que lo más peligroso es cuando el punto de equilibrio se desliza hacia un lado donde el columpio ya no puede volver.
En la naturaleza, las relaciones entre especies no están congeladas. La fuerza con la que una especie influye sobre otra cambia constantemente un poco, debido al clima, las enfermedades, los encuentros casuales. Estos pequeños empujones no solo hacen oscilar la abundancia alrededor de un punto estable. Desplazan el propio punto de equilibrio. Y aquí surge la sorpresa: incluso aleatoriedades muy débiles, "ligeras", hacen que la abundancia de una especie pueda volverse muy grande o muy pequeña según una ley llamada ley de potencias. Es como si una brisa ligera a veces levantara no partículas de polvo, sino casas enteras.
Los científicos dedujeron una fórmula para el nivel crítico de ruido, es decir, la fuerza de los empujones aleatorios con la cual la comunidad casi con seguridad pierde su viabilidad. Resultó que este nivel crítico cae en proporción inversa al número de especies. En otras palabras, un bosque grande y diverso es más frágil frente a estos desplazamientos aleatorios que un estanque pequeño con cinco especies. Esta es una conclusión preocupante para la conservación de la biodiversidad.
Los autores no se detuvieron en la teoría. Tomaron datos de 34 especies y encontraron la ley de potencias en la mayoría de ellas. Luego verificaron sus predicciones en 98 redes reales, desde mutualismo (relaciones de beneficio mutuo, como entre abejas y flores) hasta cadenas alimentarias. Sus métricas de fragilidad predijeron con éxito qué redes se desmoronarían más rápido.
La ley de potencias con exponente 2, encontrada en este trabajo, es sorprendentemente universal: no depende de cómo estén estructuradas las relaciones entre especies, ni del tamaño de la comunidad, ni de la especie concreta.