En el centro de la Vía Láctea se oculta algo masivo: cuatro millones de veces más pesado que el Sol. La estrella S2, como un piloto en una curva cerrada, rodea este objeto cada dieciséis años en una órbita alargada, acelerando hasta 7650 kilómetros por segundo. Por la forma exacta en que se mueve, los astrónomos intentan averiguar qué es ese "algo".
Normalmente se piensa que ahí hay un agujero negro: una región donde la gravedad es tan fuerte que ni siquiera la luz puede escapar. Pero los físicos han ideado otras opciones: un agujero negro con carga eléctrica, agujeros negros "regulares" sin un punto de densidad infinita en el centro, e incluso una "singularidad desnuda": un objeto exótico sin horizonte tras el que se podría esconder la singularidad. Los autores del nuevo trabajo tomaron la trayectoria de la estrella S2 y calcularon cómo se vería en cada uno de estos escenarios.
La comparación con las observaciones del Very Large Telescope mostró que un agujero negro ordinario, un agujero negro cargado y uno de los modelos regulares dan predicciones prácticamente idénticas. Por ahora no se aprecian diferencias entre ellos. En cambio, para la "singularidad desnuda" y otras variantes exóticas se han podido establecer límites a sus parámetros. Cuanto más precisas sean las mediciones de la posición de la estrella, más estrictos serán esos límites.
La estrella S2 es como una sonda lanzada por la propia naturaleza al corazón de la Galaxia. Su trayectoria actual dice: "todavía no puedo distinguir un agujero negro de otro". Pero las nuevas observaciones con el VLT y los telescopios Keck prometen mayor precisión, y entonces quizá quede claro qué "bestia" se esconde en el centro de la Vía Láctea.
Cuando la estrella S2 se acerca al objeto central, se mueve a unos 2,5% de la velocidad de la luz: es uno de los objetos más rápidos cuya órbita se ha podido seguir.