Un agujero negro en rotación arrastra consigo el espacio-tiempo — el efecto de arrastre de sistemas inerciales. Los investigadores mostraron que los pares de Cooper (electrones ligados en un superconductor) en este campo adquieren un desplazamiento de fase, similar al efecto Aharonov-Bohm. Para los agujeros supermasivos Sgr A* y M87*, el desplazamiento de fase es colosal: 10²⁴ y 10²⁷ radianes. Las fuerzas de marea no destruyen los pares a distancias superiores a 10 radios de Schwarzschild, lo que en principio permite usar la coherencia cuántica para «pesar» la rotación de los agujeros negros. Esta brújula gravimagnética es aún mental, pero conecta la superconductividad con la curvatura del Universo.
Una agujero negro en rotación arrastra el espacio-tiempo, como una cuchara remueve la miel espesa. Este vórtice es una manifestación del espacio-tiempo curvado. Pero lo principal: es capaz de alterar el ritmo cuántico de la materia, incluso donde no hay ninguna fuerza.
La causa es un efecto descubierto por Yakir Aharonov y David Bohm: el 'ritmo ondulatorio' de una partícula cuántica (llamado fase) puede desplazarse bajo la influencia de un campo invisible. Los científicos aplicaron esta idea a pares de electrones, los principales portadores de la superconductividad. Cerca de un agujero negro supermasivo (como Sagitario A* en el centro de la Galaxia), el desplazamiento de fase alcanza 10²⁴ radianes. A modo de comparación: una vuelta completa de la manecilla de un reloj son solo unos 6 radianes, y aquí el desplazamiento equivale a miles de millones de giros.
Por ahora no se puede comprobar directamente, pero el mismo efecto, aunque mucho más débil, ya se detecta en experimentos terrestres: allí, el espacio retuerce la rotación de nuestro planeta.
🎯 Este desplazamiento es tan grande que correspondería a 10²³ vueltas completas, billones de veces más que el número de estrellas en nuestra Galaxia.
🎬 En la película 'Interstellar', los protagonistas vieron cómo el agujero negro Gargantúa retuerce el espacio mismo.