Imagina que un agujero negro, al girar, retuerce el propio espacio, como una cuchara en una taza de miel. Los científicos mostraron cómo esta curvatura puede influir en partículas cuánticas: pares de electrones en superconductores. Surge un enorme desplazamiento de fase, comparable a escalas cósmicas. ¿Podrá algún día esa «sombra cuántica» del agujero negro ayudarnos a escuchar el susurro de la gravedad?
Una agujero negro en rotación arrastra el espacio-tiempo, como una cuchara remueve la miel espesa. Este vórtice es una manifestación del espacio-tiempo curvado. Pero lo principal: es capaz de alterar el ritmo cuántico de la materia, incluso donde no hay ninguna fuerza.
La causa es un efecto descubierto por Yakir Aharonov y David Bohm: el 'ritmo ondulatorio' de una partícula cuántica (llamado fase) puede desplazarse bajo la influencia de un campo invisible. Los científicos aplicaron esta idea a pares de electrones, los principales portadores de la superconductividad. Cerca de un agujero negro supermasivo (como Sagitario A* en el centro de la Galaxia), el desplazamiento de fase alcanza 10²⁴ radianes. A modo de comparación: una vuelta completa de la manecilla de un reloj son solo unos 6 radianes, y aquí el desplazamiento equivale a miles de millones de giros.
Por ahora no se puede comprobar directamente, pero el mismo efecto, aunque mucho más débil, ya se detecta en experimentos terrestres: allí, el espacio retuerce la rotación de nuestro planeta.
🎯 Este desplazamiento es tan grande que correspondería a 10²³ vueltas completas, billones de veces más que el número de estrellas en nuestra Galaxia.
🎬 En la película 'Interstellar', los protagonistas vieron cómo el agujero negro Gargantúa retuerce el espacio mismo.