Imagina que un objeto grande intenta estar en dos lugares al mismo tiempo. Resulta que el propio espacio-tiempo se resiste a esa duplicación, creando una fuerza que impide que los objetos macroscópicos existan como un «gato de Schrödinger». Esto explica por qué no vemos maravillas cuánticas en la vida cotidiana. ¿Podría la realidad misma prohibirse ser indeterminada?
El gato de Schrödinger puede estar, según las leyes cuánticas, vivo y muerto a la vez. Pero con una mesa ese truco no funciona. Cuando un objeto masivo intenta estar en dos lugares, su masa curva tanto el espacio que en lugar de dos puntos aparece una profunda hondonada, y el objeto rueda hacia ella. Es como una roca pesada en la cima de una montaña: el más leve soplo de viento y cae en un único valle.
Para los átomos, esa curvatura es insignificante, pero para los cuerpos grandes es un obstáculo insalvable. Lo más sorprendente: cuanto más lejos intentes separar las copias del objeto, más profundo se vuelve el pozo.
Este mecanismo se manifiesta con más fuerza en los agujeros negros, con su curvatura monstruosa, y recuerda en cierto modo a las ondas gravitacionales, solo que aquí la energía se emplea en destruir la superposición. Quizás la gravedad está «observando» el mundo constantemente, impidiendo que los objetos grandes se desdoblen; en esta idea trabajó Roger Penrose.
🎯 Incluso una mota de polvo de una millonésima de gramo pierde la capacidad de estar en dos lugares más rápido de lo que tardas en estornudar.
🎬 En la novela «Cuarentena» de Greg Egan, los estados cuánticos controlan la conciencia, pero la gravedad pone un límite estricto a esas fantasías.