Una gota de grasa dentro de una célula viva se parece a un flotador en aguas turbulentas. No se mueve en línea recta, sino a tirones: a veces se detiene, a veces acelera. Antes, estos movimientos solo se podían ver en un plano, como si miraras el flotador desde arriba sin saber a qué profundidad está. Ahora, los científicos han creado una cámara que captura todo el volumen de la célula a la vez, como una película en 3D, a 19 fotogramas por segundo.
El secreto de la cámara está en combinar luz infrarroja con un microscopio óptico común. El rayo infrarrojo calienta ligeramente las moléculas, que se expanden. Esa expansión es detectada por la luz visible, revelando qué sustancias hay en cada lugar. Antes, este método era lento: obtener un solo fotograma volumétrico requería un segundo o más. El nuevo enfoque acelera la captura casi 400 veces.
Con la nueva cámara, los científicos siguieron la trayectoria de las gotas de grasa en tres dimensiones y vieron que su movimiento no se parece a un paseo aleatorio ordinario. Dentro de la célula hay "caminos" y "obstáculos" ocultos que no se notan con una vista plana. El método también permite capturar el espectro químico en un amplio rango en un segundo, como si no solo tomaras una foto, sino que distinguieras todos los ingredientes de un plato sin probarlo.
Esta herramienta abre el camino para observar células vivas en tiempo real: cómo se dividen, cómo reaccionan a los medicamentos, cómo reorganizan su estructura interna. El flotador ya no se esconde en la profundidad.
Una gota de grasa en una célula puede moverse más rápido de lo que parpadeas: en un segundo recorre una distancia comparable a su propio tamaño.
En la película "El chip prodigioso", los personajes viajan dentro del cuerpo humano: la nueva microscopía hace realidad esos viajes para los científicos, solo que en lugar de un submarino, usan un rayo láser.