Los científicos estudiaron el acercamiento de un objeto compacto a una estrella bosónica supermasiva (un hipotético cuerpo de materia oscura). A diferencia de los agujeros negros, este sistema emite radiación escalar debido a la fricción dinámica, lo que altera la órbita. Resultó que la señal de ondas gravitacionales resultante es muy similar al chirrido (aullido creciente) de la fusión de agujeros negros, incluso si la estrella no es demasiado densa. El carácter de la señal depende de la compacidad de la estrella central: las versiones muy densas provocan una caída brusca del objeto, mientras que las más difusas producen un acercamiento suave. Los futuros detectores como LISA podrán distinguir estas «falsificaciones» por el desplazamiento de fase de la onda.
Una estrella de materia oscura es un océano invisible de partículas ultraligeras, cuya existencia sospechó Fritz Zwicky ya en los años 1930. En este océano se sumerge una estrella de neutrones — una bolita diminuta pero increíblemente pesada. La fricción con la materia oscura, como con el agua, acelera su caída hacia el centro. Entonces el tejido del espacio mismo se ondula: surgen ondas gravitacionales.
Este proceso genera un «chirrido» — una señal indistinguible de la fusión de dos agujeros negros. Pero el final delata el engaño: en los agujeros negros el tono se apaga suavemente, mientras que en la estrella oscura se corta bruscamente, como si un barco se fuera al fondo. Detectores futuros como LISA podrán reconocer estas falsificaciones.
🎯 Una estrella bosónica puede ser más grande que la órbita de Plutón, pero tan transparente que un astronauta podría atravesarla volando y sentir solo un ligero aumento de gravedad.