Las ondas de radio nos rodean, pero el ojo no las ve. Un nuevo sensor del tamaño de una uña las convierte en una mancha de color en una pequeña pantalla.
Dentro del chip hay una capa de cristales líquidos, los mismos que se usan en las pantallas de los teléfonos. Entre ellos se entretejen finos hilos ferromagnéticos. Cuando llega una onda de radio, los hilos se calientan rápidamente. El calor se transmite a los cristales, que cambian la disposición de sus moléculas. La luz que atraviesa los cristales modifica su polarización. Las películas polarizadoras en la parte superior e inferior del chip convierten ese cambio en un color visible.
Este sensor se puede integrar en un teléfono o llevarse como llavero. Detectaría una señal de radio potente —por ejemplo, de un radar o un inhibidor— y la mostraría con un color. Esto ayudaría a detectar a tiempo un ataque electromagnético o simplemente a comprobar el nivel de radiación del entorno.
Los cristales líquidos del sensor son los mismos que los de las pantallas, pero aquí no reaccionan a la electricidad, sino al calor de las ondas de radio.