Las estrellas jóvenes a menudo burbujean con superllamaradas, lanzando flujos de partículas. Al chocar con las atmósferas planetarias, estas partículas, como en un horno químico, crean un gas que calienta y al mismo tiempo ensamblan los ladrillos para la futura vida. ¿No fue esto lo que ayudó a la Tierra a no congelarse en su juventud y encendió la chispa de la vida?
El joven Sol brillaba un 30% menos, pero los océanos no se congelaron. La clave: las superllamaradas que bombardeaban la atmósfera con flujos de partículas energéticas. Un experimento de laboratorio lo reprodujo: una mezcla de nitrógeno y dióxido de carbono bajo el impacto de partículas produjo óxido nitroso y glicina, un bloque de construcción de proteínas. La atmósfera es aquí la olla, y las partículas estelares el chef, preparando con gases simples un 'caldo' para el clima y la vida. Cada potente llamarada podía producir hasta 20 mil millones de kilogramos de óxido nitroso al año, suficiente para crear una densa 'tapa' para la olla planetaria.
El óxido nitroso es un gas de efecto invernadero 300 veces más fuerte que el CO2. Retenía el calor del débil Sol, evitando que la Tierra se congelara. Este mismo mecanismo amplía la zona habitable para exoplanetas rocosos donde el calor normal es insuficiente. De paso, nacen aminoácidos, los ladrillos de la vida. Así, la tormenta cósmica, normalmente vista como amenaza, posiblemente inició la química de la vida en la Tierra.
🎯 Cada potente superllamarada en una estrella joven podía producir hasta 20 mil millones de kilogramos de óxido nitroso al año, suficiente para calentar la atmósfera de todo un planeta.
🎬 La idea de calentar un planeta con gases de efecto invernadero es familiar en la trilogía 'Marte Rojo' de Kim Stanley Robinson. Solo que allí son ingenieros humanos, y aquí, la propia estrella.