Si miras un mapa de galaxias lejanas, no es perfectamente uniforme: en un lado del cielo hay un poco más, en el otro un poco menos. Esta inclinación se ha detectado en varios sondeos del cielo y no parece aleatoria. Por lo general se explica diciendo que nuestra propia galaxia se mueve en alguna dirección, y por eso los objetos lejanos parecen desplazados. Pero las mediciones no siempre coinciden con esta explicación simple.
Los autores del artículo proponen otra perspectiva. No consideran solo el movimiento del observador, sino su aceleración, como si no nos limitáramos a dejarnos llevar por la corriente, sino que a veces remáramos hacia un lado. En la relatividad general, esa aceleración deja una huella adicional en la luz de las galaxias lejanas: su corrimiento al rojo (el estiramiento de la luz debido a la expansión del universo) adquiere una especie de 'manchado' peculiar: en una dirección es un poco mayor, en otra un poco menor. Y ese manchado no es igual para todas las distancias, sino que cambia con la profundidad.
Esto abre una vía de comprobación: si la asimetría en la distribución de galaxias se debe solo al movimiento ordinario, su dependencia con la distancia será una. Si además hay una aceleración del observador, el panorama será otro. Así se puede separar la asimetría 'normal' de la que requiere física nueva.
El corrimiento al rojo fue observado por primera vez en 1912 por Vesto Slipher, pero solo Edwin Hubble lo explicó mediante la expansión del universo en 1929.