El ADN es un largo collar de carbono formado por cuatro tipos de cuentas. Los biólogos a menudo necesitan comparar dos cadenas para encontrar diferencias. Normalmente esto requiere un largo proceso de comparación. Los investigadores idearon un truco ingenioso: codificar cada cuenta como una flecha que gira según sus vecinos. La idea se tomó de los modelos de lenguaje, donde las palabras también “conocen” el contexto.
El método RotorMap, que utiliza cálculos ultrarrápidos en tarjetas gráficas, supera a las herramientas estándar entre 50 y 700 veces. Para computadoras cuánticas se creó una versión donde las direcciones de las flechas determinan los estados de las partículas. En las máquinas cuánticas Quantinuum, el algoritmo se probó leyendo los datos mediante espectroscopía, el análisis de la radiación.
tal como lo escribieron los autores, en inglés arXiv:2603.22245
For strings of letters from a small alphabet, such as DNA sequences, we present a quantum encoding that empirically provides a strong correlation between the Levenshtein edit distance and the fidelity between quantum states defined by the encodings. It is based on the principles of Rotary Position Embeddings (RoPE), employed in modern large language models. Classically, this encoding yields RotorMap - a GPU-accelerated DNA mapping algorithm that achieves speedups of 50-700x over single-thread Minimap2 in proof-of-concept tests on human and maize genomes. For use on quantum devices, we introduce the Angular encoding, which is built from RoPE and directly outputs state preparation circuits. To verify its properties and utility on NISQ devices, we report results of experiments conducted on quantum computers from Quantinuum: the 56-qubit H2-1, H2-2 and the latest 98-qubit Helios-1. As a potential application, we consider a quantum DNA authentication problem and conjecture that a quantum advantage in one-way communication complexity could be achieved over any comparable classical solution.
El genoma humano tiene 3 mil millones de letras. Antes comparar dos genomas llevaba horas, ahora segundos.
La firma cuántica de ADN recuerda a las tecnologías de ‘Gattaca’, pero con una protección imposible de vulnerar.