En la supernova 2024rbc, perteneciente al raro tipo Ib, se ha detectado por primera vez emisión de monóxido de carbono (CO) tan solo 62 días después del colapso de la estrella. El análisis reveló aproximadamente 5 masas terrestres de CO, calentado a 4000 K y desplazándose a 6000 km/s, además de polvo más frío. Esta observación arroja luz sobre la formación temprana del polvo —materia prima esencial para los planetas— en violentos eventos cósmicos, similares a los que ocurrieron en el Universo primitivo.
Cuando una estrella masiva agota su combustible, arroja su envoltura de hidrógeno y explota, como un último y desesperado aliento. Los astrónomos observaron una supernova de este tipo (tipo Ib). 62 días después de la explosión, en los escombros en enfriamiento, captaron un débil brillo infrarrojo: resultó ser la huella del monóxido de carbono (CO). El material se precipitaba a una velocidad monstruosa de 6.000 kilómetros por segundo, en un instante habría cubierto la distancia de la Tierra a la Luna veinte veces. A ese ritmo, su firma espectroscópica se difuminó en una amplia joroba. A su alrededor, polvo cósmico incandescente a 637 °C brillaba, y las líneas de helio confirmaron la clase de la explosión.
El aliento de las estrellas moribundas es de lo que está hecho el mundo.
🎯 Hay tanto monóxido de carbono en SN 2024rbc que su masa supera en miles de millones de veces el peso de toda la atmósfera terrestre. Pero comparada con la masa de la estrella, es una impureza insignificante.
🎬 La frase «todos estamos hechos de polvo de estrellas» no es solo una metáfora. En la película «Interestelar», esta idea resuena de manera especialmente intensa.