Dos coches idénticos salen de la misma cadena de montaje. Carrocería, ruedas, volante: todo coincide. Solo que uno lleva un motor de gasolina normal y el otro uno híbrido que se puede ajustar a la carretera. Y el híbrido se cala a los pocos kilómetros, mientras que el de gasolina recorre decenas. Algo parecido ocurre con dos tipos de cúbits superconductores, los bloques de construcción del ordenador cuántico.
En el nuevo trabajo, los físicos fabricaron en un mismo chip dos clases de cúbits: los convencionales, con una unión túnel entre superconductores, y los gateamones, con una unión en la que se incrusta un trozo de semiconductor. Todo lo demás —el cableado, los dieléctricos, las líneas de control— era idéntico. La diferencia está solo en el corazón del cúbit: la unión de Josephson, que determina sus propiedades cuánticas. Y el resultado es este: los cúbits convencionales viven decenas de microsegundos, mientras que los gateamones solo unos pocos. Además, la brecha no se explica por pérdidas por radiación ni fugas en el circuito: todos esos canales se calcularon y se restaron. Queda la propia unión.
Las mediciones a diferentes temperaturas mostraron que en ambos tipos de uniones las cuasipartículas se comportan igual: son excitaciones que destruyen la información cuántica. Así que no son ellas. La diferencia está en algo que no depende de la temperatura y que reside en lo más profundo de la unión. Quizá en defectos del material o en procesos incontrolados en la frontera entre superconductor y semiconductor. Es como si el motor híbrido tuviera una grieta invisible que no se ve en el plano, pero que constantemente resta potencia.
Mientras los gateamones no alcancen a los cúbits convencionales en tiempo de vida, los ordenadores cuánticos basados en ellos perderán en fiabilidad. Pero al menos ahora está claro dónde mirar: no hacia las interferencias externas, sino hacia el interior de la propia unión. Quizá los ingenieros encuentren la manera de sellar esa grieta, y entonces los cúbits flexibles no solo serán cómodos, sino también longevos.
tal como lo escribieron los autores, en inglés arXiv:2603.29498
Superconducting transmon qubits based on hybrid superconductor-semiconductor Josephson junctions (gatemons) offer gate tunability, but their relaxation times remain well below those of state-of-the-art transmons, and the origin of this discrepancy is not fully understood. Here, we co-fabricate gatemons and SIS-junction transmons with nominally identical circuit layouts, gate dielectrics, and control lines, so that the Josephson element is the only intentional distinction. Across multiple chips, transmons in this architecture reach relaxation times in the tens of microseconds, whereas gatemons saturate in the few-microsecond range. Using the transmons as on-chip references, we construct a loss budget including Purcell decay, spontaneous emission through the control line, and internal dielectric loss, and find that the corresponding T1 limits exceed all measured gatemon values by more than an order of magnitude. Temperature-dependent T1 measurements follow a common quasiparticle-activation model and yield similar superconducting gaps for S-Sm-S and SIS junctions, indicating that the reduced gatemon coherence is dominated by additional temperature-independent, junction-intrinsic dissipation.
La unión de Josephson son dos superconductores separados por una fina capa de aislante o semiconductor. A través de esa barrera tunelan los pares de Cooper, pares de electrones enlazados que crean la superconductividad. El grosor de la barrera es de solo unos pocos nanómetros, miles de veces más fino que un cabello humano.
En la serie 'Devs', el ordenador cuántico se construye con cúbits superconductores y los personajes luchan por cada punto porcentual de precisión en su funcionamiento, de forma muy parecida a como los físicos luchan ahora por los microsegundos de vida de los gateamones.