Se han encontrado anillos de polvo y hielo alrededor de lejanos cuerpos helados del tamaño de una ciudad que orbitan más allá de Neptuno. A su lado a menudo giran pequeñas lunas. Un análisis matemático mostró que la atracción de la luna hace oscilar el anillo como un columpio, obligándolo a inclinarse. En lugar de permanecer en el plano de rotación del cuerpo (como en Saturno), el anillo puede quedar en ángulo.
Esta inclinación revela la presencia de lunas invisibles: incluso si el satélite es demasiado tenue, su ‘firma’ gravitacional se lee en los anillos distorsionados. Futuros sondeos del cielo con fotometría (medición del brillo) y espectroscopia (análisis de la composición de la luz) comprobarán los cálculos y, tal vez, descubran decenas de estos planetas «descalzos».
Los anillos alrededor de cuerpos pequeños a veces son tan finos que solo pueden detectarse por cómo ocultan momentáneamente la luz de una estrella lejana.