
Planetas rocosos que orbitan estrellas, a menudo enanas rojas, con composición similar a la terrestre pero condiciones variadas.Los exoplanetas terrestres son mundos rocosos que orbitan estrellas distintas del Sol, con composiciones dominadas por silicatos y metales, similares a las de la Tierra. Van desde esferas de lava abrasadoras hasta llanuras heladas y cubiertas de hielo, y sus condiciones dependen en gran medida de su distancia a la estrella anfitriona, del tipo de estrella y de la propia actividad geológica del planeta. El estudio de estos planetas es fundamental para comprender la formación planetaria, el potencial de habitabilidad más allá de nuestro sistema solar y la diversidad de sistemas planetarios en la galaxia.
El primer exoplaneta terrestre confirmado se descubrió en 1992 alrededor de un púlsar, y el primero alrededor de una estrella similar al Sol, 51 Pegasi b, se encontró en 1995, aunque se trata de un Júpiter caliente. El primer exoplaneta verdaderamente rocoso, Kepler-10b, fue confirmado en 2011 por la misión Kepler de la NASA.
Estos planetas se forman a partir de la acumulación de material sólido en el disco protoplanetario alrededor de una estrella joven, típicamente más cerca que la línea de hielo, donde los compuestos volátiles permanecen sólidos. Su estructura interna suele consistir en un núcleo metálico, un manto de silicatos y una corteza delgada, pero la composición exacta y el grosor de estas capas varían según la masa del planeta y su historia de formación. Las condiciones superficiales están moldeadas por la radiación estelar, las fuerzas de marea y el calor interno, que pueden impulsar vulcanismo, tectónica de placas o un efecto invernadero descontrolado.
Los exoplanetas terrestres son objetivos prioritarios en la búsqueda de biofirmas, ya que sus atmósferas pueden analizarse con telescopios como el Telescopio Espacial James Webb para buscar gases que podrían indicar vida.
Algunos exoplanetas terrestres, como la 'súper-Tierra' 55 Cancri e, pueden tener superficies cubiertas de océanos de lava debido a su extrema proximidad a sus estrellas anfitrionas.






























