Tras la muerte de una estrella masiva, se produce una explosión de supernova tan potente que un solo destello brilla más que toda una galaxia. En ese fuego nacen miles de millones de axiones, partículas invisibles que apenas dejan rastro. Cada segundo, billones de estas diminutas partículas atraviesan nuestro cuerpo sin que nos demos cuenta. Se cree que estos invisibles son la materia oscura, la sustancia fantasma que evita que las galaxias se desintegren.
Pero de vez en cuando, un axión choca con un campo magnético y entonces, por un instante, lo invisible se vuelve visible: se transforma en un fotón de rayos gamma, un destello de luz. Los astrofísicos han sumado por primera vez todos esos 'destellos' de cada supernova a lo largo de la historia del universo y han detectado un tenue resplandor difuso. Esto ha permitido medir con precisión la fuerza de interacción de los axiones y, quizás, pronto sabremos de qué está tejida la oscuridad cósmica. Estos datos imponen límites estrictos a las teorías e inspiran la construcción de nuevos telescopios de rayos gamma.
El nombre 'axión' proviene de una marca de detergente: bautizaron así a la partícula porque debía 'eliminar' un problema teórico.