Cuando colisionan núcleos pesados en aceleradores, se producen muchas partículas, y los físicos quieren entender cómo se mueve la carga eléctrica en ese caos. Dos trenes chocan entre sí: los pasajeros (quarks) salen despedidos, pero su equipaje (la carga) puede terminar lejos del lugar del accidente. Para medir hasta dónde se lleva la carga, los autores proponen comparar colisiones de núcleos de rutenio (Ru) y circonio (Zr). Tienen el mismo número de nucleones (partículas en el núcleo), pero diferente número de protones, por lo que la diferencia en la carga se conoce con precisión. Este truco permite restar muchos errores de medición.
Al cambiar la energía de la colisión, se puede modificar la "ventana" en rapidez, una magnitud relacionada con la velocidad de las partículas a lo largo del haz. Cuanto mayor es la diferencia de rapidez entre dos puntos, mayor es la distancia que debe recorrer la carga para llegar allí. Las simulaciones muestran que la cantidad de carga en el centro de la colisión disminuye exponencialmente con esta diferencia, pero la tasa de disminución depende fuertemente del modelo. Esto significa que el experimento podrá distinguir entre diferentes descripciones teóricas.
Este enfoque recuerda al estudio del flujo de un río mediante la propagación de un colorante vertido en él: si se sabe cuánto colorante se vertió en un punto, se puede inferir la velocidad y la turbulencia de la corriente a partir de su concentración aguas abajo. De manera similar, conociendo la diferencia de carga entre los núcleos isóbaros, los físicos pueden rastrear cómo la carga se "extiende" en rapidez y así extraer información sobre las propiedades del plasma de quarks y gluones, el estado de la materia que existió en los primeros instantes después del Big Bang.
Los núcleos de rutenio y circonio tienen casi la misma masa, pero difieren en carga en 4 unidades: el rutenio tiene 44 protones y el circonio 40. Esta pequeña diferencia es suficiente para observar el efecto en el experimento.