Un estallido de rayos gamma es un destello de luz breve pero extremadamente potente, que se produce cuando se fusionan estrellas de neutrones o cuando colapsa una estrella masiva. Dentro de ese destello, chorros de plasma se mueven a velocidades enormes y chocan entre sí. La onda de choque resultante calienta la materia, que comienza a brillar: así nace la radiación que detectamos en la Tierra.
Durante mucho tiempo, los científicos no pudieron calcular con precisión cómo se genera la luz dentro de un estallido de rayos gamma. El problema es que esa radiación ejerce presión sobre el plasma y modifica su movimiento, como si una linterna empujara la niebla. Los autores del nuevo trabajo han construido por primera vez un modelo informático que tiene en cuenta esta interacción mutua en todos sus detalles. Han seguido el camino de las ondas de choque desde su nacimiento hasta que la luz emerge al exterior.
El resultado fue sorprendente: la onda de choque inversa (la que se mueve hacia atrás a lo largo del flujo incidente) continúa 'brillando' incluso donde el plasma ya es casi transparente a la radiación. Antes se pensaba que en esas zonas la luz ya no afectaba a la materia. Ahora está claro que la influencia persiste más tiempo de lo que se creía. La luz no se dispersa en una única superficie nítida, sino en un amplio rango de distancias, como la niebla que dispersa los faros no en un punto, sino en todo su espesor.
Como resultado, el espectro de radiación resultante se asemeja al de los estallidos de rayos gamma reales: muchos fotones de baja energía y menos de alta energía. Esto significa que el modelo describe correctamente la física interna del destello. Comprender estos procesos ayudará a interpretar mejor las señales de catástrofes lejanas en el universo.
Un estallido de rayos gamma puede liberar en un segundo más energía que el Sol durante toda su vida.