En los auriculares con los que se escucha una orquesta lejana, de vez en cuando algo cruje. El crujido puede ser tan fuerte que ahogue la música o incluso se mezcle con ella. Así funcionan aproximadamente los detectores terrestres de ondas gravitacionales: captan el temblor del espacio causado por colisiones de agujeros negros y estrellas de neutrones, pero al mismo tiempo oyen sus propios ruidos: chasquidos y chirridos cortos que los científicos llaman glitches.
Los glitches no son solo una molestia menor. Reducen la sensibilidad de los instrumentos y pueden superponerse a una señal real, distorsionando las conclusiones sobre lo que ocurrió en el cosmos. Para distinguir una señal cósmica del crujido terrestre, hay que saber con qué frecuencia aparecen los glitches. Antes se contaban los eventos fuertes que superaban un umbral determinado, pero los glitches débiles se perdían. El nuevo método propuesto en el artículo funciona de otra manera: estima la frecuencia de los glitches a partir de toda la estadística del ruido, sin descartar los eventos silenciosos.
Los autores aplicaron el método a los datos de la cuarta campaña de observación de LIGO-Virgo-KAGRA y obtuvieron una estimación de la frecuencia de glitches en un intervalo de 24 horas. Resultó que el resultado concuerda con los recuentos anteriores, pero el nuevo enfoque ofrece una imagen más detallada de cómo cambia la frecuencia con el tiempo. Y cuando el método se aplicó al candidato retirado a ondas gravitacionales GW230630_070659, se descubrió que, muy probablemente, se trataba de un par de glitches coincidentes, no de una señal del espacio.
Esta herramienta ayuda a separar el trigo de la paja en el flujo de datos. Cuanto mejor conozcamos el comportamiento del ruido, con más confianza podremos hablar de descubrimientos reales, y no perder tiempo con falsas alarmas.
tal como lo escribieron los autores, en inglés arXiv:2604.16039
Ground-based gravitational wave detectors are now routinely surveying the dark Universe, finding hundreds of collisions between compact objects such as black holes and neutron stars. However, terrestrial non-Gaussian noise artefacts, commonly known as glitches, reduce the sensitivity to signals and can overlap signals, producing biased astrophysical inferences. We introduce a hierarchical Bayesian model to measure the glitch rate, which improves upon existing trigger-counting methods in its capacity to measure the rate down into the low signal-to-noise regime without contamination from the Gaussian noise background, provided the population is accurately modelled. The methodology builds on standard hierarchical inference, but includes several novel features, including hierarchical inference with quantile compression (HIQC), a generic approximation method for the hierarchical recycled likelihood, and a time-domain rate estimated by fitting basis functions. We validate the methodology using simulated data with injected glitches and then apply it to data from the fourth LIGO-Virgo-KAGRA observing run, demonstrating time-resolved inferences of the glitch rate over a 24 h period. The inferred glitch rate is consistent with estimates from trigger counts, but does not require an arbitrary threshold and provides a more fine-grained view of the temporal behaviour. Finally, we demonstrate how our individual-detector rate estimates can be transformed into a coincident glitch probability and utilise this to validate that the retracted gravitational-wave candidate GW230630_070659 is likely a pair of coincident glitches.
Los glitches pueden deberse a causas muy diversas: desde vibraciones de trenes y terremotos hasta rayones en los espejos o fallos electrónicos. A veces incluso se les pone nombre, como «silbido», «ladrido» o «blip», según la forma característica de la señal.
En la novela de Stanisław Lem «La voz del amo», los científicos intentan distinguir una señal de una civilización extraterrestre del ruido natural, y se enfrentan al mismo problema que los cazadores de ondas gravitacionales.