El carrusel hace girar a todos los caballitos en la misma dirección, pero uno se empeña en galopar en sentido contrario. Así se comporta el planeta TOI-1710 b alrededor de su estrella. Con los instrumentos HARPS-N y GIANO-B, los astrónomos midieron su inclinación: 149 grados. Es casi un giro de 180, es decir, el planeta vuela por su órbita “marcha atrás” respecto a la rotación de la estrella.
¿De dónde sale ese giro? Probablemente, en el pasado el sistema parecía un cruce abarrotado sin semáforos. Los empujones gravitatorios de otros planetas (el llamado dispersión planeta-planeta) pudieron sacar a TOI-1710 b de su órbita normal. Luego entró en juego el mecanismo de Kozai-Lidov: si hay un cuerpo masivo cerca, la órbita del planeta empieza a balancearse como un péndulo, cambiando su inclinación y su excentricidad. Al final, la estrella redondeó la órbita con fuerzas de marea, pero la inclinación se mantuvo.
Este descubrimiento es importante para entender la “infancia” de los sistemas planetarios. Antes se creía que en la zona donde está TOI-1710 b (la llamada sabana, el hueco entre los planetas rocosos y los gaseosos), migraciones tan violentas eran raras. Ahora está claro: incluso aquí pueden esconderse huellas de auténticas catástrofes planetarias.
La estrella TOI-1710 da una vuelta completa sobre su eje en 21,5 días, más o menos como tres semanas terrestres. Su planeta, mientras tanto, solo recorre una pequeña parte de su órbita de 24 días.
En la novela “Las puertas” (Gateway), de Frederik Pohl, los héroes encuentran una nave alienígena en órbita retrógrada, y esa es la primera señal de que algo va mal en el sistema.