Cuando una estrella se apaga y colapsa sobre sí misma, el espacio a su alrededor se pliega formando un agujero negro. En el centro, según los libros de texto, se esconde una singularidad: un punto donde la densidad se vuelve infinita y las leyes dejan de funcionar. Pero, ¿y si en lugar de un punto hubiera algo así como un denso cúmulo de campos magnéticos?
En el nuevo trabajo, los físicos construyeron un modelo en el que el núcleo del agujero no colapsa hasta cero. La materia en su interior se sustituye por un relleno especial: un campo puramente magnético (más concretamente, una configuración monopolar del campo electromagnético en electrodinámica no lineal). Este campo actúa como un muelle: cuanto más se comprime, más rígidamente se resiste. Como resultado, no se produce una densidad infinita: el centro permanece suave, sin ruptura del espacio.
Los autores también comprobaron cuán estable es este agujero. Lo golpearon mentalmente y calcularon cómo resonaría (esto se llama modos cuasinormales). Resultó que las oscilaciones se amortiguan rápidamente, como el sonido de una campana envuelta en fieltro. Esto significa que la estructura no se desmorona ante un empujón casual: el núcleo magnético mantiene su forma.
El resultado nos devuelve a la imagen original: la estrella que colapsa no desaparece en un punto matemático, sino que se transforma en una esfera magnética invisible que solo finge ser un pozo sin fondo.
Si un agujero negro con núcleo magnético apareciera en tu habitación, no caerías en una singularidad: simplemente te aplastaría contra una superficie lisa, pero increíblemente densa, del tamaño de una ciudad.
En la novela 'Solaris' de Stanisław Lem, el océano tampoco es un abismo, sino una estructura estable con una organización interna inesperada, algo así como un núcleo magnético en lugar de una singularidad.