Un globo se infla solo, aunque nadie sople. Así se ve aproximadamente la expansión acelerada del universo, y para explicarla normalmente se invoca la energía oscura, una fuerza invisible e incomprensible. Pero, ¿y si el globo se hincha porque dentro de él aparecen continuamente nuevas moléculas de aire? Este trabajo explora precisamente ese mecanismo: las partículas de materia oscura (la sustancia invisible que constituye la mayor parte de la masa de las galaxias) nacen directamente del vacío y, de paso, intercambian energía con otro fluido cósmico.
Los autores examinaron seis escenarios diferentes de ese intercambio, algo así como seis recetas según las cuales la energía fluye entre dos fluidos. Resultó que un estado estable, donde ambos fluidos coexisten y la expansión se acelera, surge solo en tres casos: cuando el intercambio está controlado por la densidad de la materia oscura y la energía fluye desde ella hacia el segundo fluido. Si el intercambio depende de las propiedades del segundo fluido o de parámetros mixtos, el universo termina en otro final: el dominio de la materia oscura, pero también con aceleración.
Este enfoque recuerda al intento de explicar la aceleración de un automóvil no por un misterioso viento de cola, sino porque en el tanque se sintetiza gasolina por sí sola. La conclusión clave: la energía oscura quizás no sea una entidad separada, sino un efecto secundario del nacimiento de partículas y la redistribución de energía en el cosmos. Esto no elimina los misterios, pero ofrece una nueva herramienta para resolverlos, sin recurrir a entidades invisibles.
Si el nacimiento de partículas en el cosmos fuera un poco más activo, viviríamos en un mundo donde las galaxias se separan aún más rápido, y el cielo nocturno se vería completamente diferente.
En la novela de Poul Anderson 'Tau Zero', una nave se acelera tanto que el nacimiento de partículas del vacío comienza a influir en todo el universo, casi como en este trabajo.