Dos bolas colgadas de hilos oscilan una al lado de la otra. Cada una se mueve por su cuenta, pero entre ellas hay un vínculo invisible: la atracción de sus masas. Si la gravedad es cuántica, podría unirlas en un todo: tiras de una y la otra responde, sin tocarse.
Antes se creía que para detectar esa conexión había que lanzar las partículas en caída libre, como en una torre donde todo cae y la ingravidez dura segundos. Pero a los ingenieros eso les resulta incómodo: es difícil mantener las partículas en su sitio y evitar que choquen con las paredes. Resulta que un péndulo de nanotubo de carbono (cien mil veces más delgado que un cabello) se comporta casi como si estuviera libre, si la oscilación es rápida. El error por estar atado crece suavemente, como el cuadrado del tiempo, y con empujones cortos se mantiene diminuto, menos de una millonésima.
Los autores comprobaron el cálculo con péndulos de esos tubos. La fase —el avance de la onda del que depende que los experimentadores vean el enredo cuántico— casi no se estropea. La visibilidad de la interferencia (la nitidez de las franjas con la que se juzga el éxito) sigue siendo alta. Esto significa que el protocolo de Bose–Marletto–Vedral para probar la gravedad cuántica puede ponerse en marcha no en un laboratorio espacial, sino en una mesa con partículas suspendidas.
Así, el péndulo —el antiguo instrumento de Galileo— se convierte en una ventana al mundo cuántico. La libertad no estaba en la ausencia de soporte, sino en la rapidez del movimiento.
tal como lo escribieron los autores, en inglés arXiv:2605.00967
Tests of gravity-induced entanglement have been proposed as a route to probing the quantum nature of gravity, but existing schemes rely on free-fall interferometry of massive spatial superpositions, imposing severe experimental constraints. We show that systems exhibiting effectively inertial dynamics in the short-time regime reproduce the same gravitational phase accumulation responsible for entanglement generation. Deviations from the free-fall phase enter at order $$(t/T)^2$$, where $$t$$ is the interferometer timescale and $$T$$ is the characteristic period of the constrained motion. We analyse a representative mechanically constrained implementation using carbon nanotube pendula and show that the resulting correction to the entangling phase remains below $$10^{-6}$$ in experimentally relevant regimes, leading to a negligible modification of the interference visibility used to certify entanglement. These results demonstrate that gravity-induced entanglement protocols extend beyond free-fall implementations to a broader class of constrained dynamical systems, significantly relaxing the requirements for experimental realisation of the Bose-Marletto-Vedral protocol.
Los nanotubos de carbono son tan finos que su diámetro, de alrededor de un nanómetro, es comparable a la longitud de una cadena de diez átomos. Y aun así soportan una tensión equivalente al peso de un automóvil sobre una sección del grosor de un cabello humano.
En la novela «El ladrón cuántico», de Hannu Rajaniemi, la gravedad se usa como herramienta de computación cuántica. El experimento descrito aquí es un paso para que algo así se haga realidad.