Dentro de un agujero negro, todo se precipita hacia un punto infinito. Pero los efectos cuánticos lo impiden: la caída da paso a una expansión, y el agujero negro se convierte en uno blanco. ¿Como si el universo respirara?
Un agujero negro es una trampa cósmica: su gravedad no deja escapar ni siquiera la luz. Los teoremas clásicos de Penrose afirman que en el centro se forma una singularidad, un punto de densidad infinita donde la física se rompe.
Las mediciones confirman que el área interior disminuye hasta un mínimo y luego crece. La curvatura no diverge hacia el infinito. Así, un agujero negro se convierte en uno blanco: una región desde donde todo es expulsado. La información cuántica no se destruye, sino que emerge en otro universo.
🎯 En el modelo cuántico, uno de los ejes espaciales dentro del agujero se convierte en un reloj: no colapsa en un punto, sino que se endereza como un resorte liberado.
🎬 Esto recuerda a 'Interestelar': el agujero negro como portal, pero sin agujero de gusano, solo un rebote cuántico.