Un funambulista avanza sobre una cuerda tensa. Cada paso es una búsqueda del equilibrio, un cálculo instantáneo de fuerzas. De manera similar, las ecuaciones de Einstein describen cómo la materia y la energía hacen que el espacio-tiempo se curve. Pero durante mucho tiempo nadie pudo demostrar que esas ecuaciones tuvieran solución: que el funambulista pudiera dar siquiera el primer paso sin caerse.
En 1952, Yvonne Choquet-Bruhat demostró que, para el espacio vacío, sin materia alguna, las ecuaciones de Einstein sí producen una geometría con sentido, al menos en un pequeño intervalo de tiempo. No se limitó a resolver un problema abstracto: creó un método parecido a armar un rompecabezas. Primero hay que elegir bien los "datos iniciales", como si colocaras las piezas del borde, y luego asegurarte de que toda la imagen no se desmorone ante el más mínimo movimiento. Este enfoque se conoce como el problema de Cauchy para las ecuaciones de Einstein, y se convirtió en la piedra angular de la relatividad general matemática.
Más tarde, Choquet-Bruhat extendió sus métodos a casos más complejos, como las ecuaciones de la supergravedad, donde a la geometría se le añaden campos cuánticos. Escribió libros de texto con los que se formaron generaciones enteras de físicos y matemáticos. Y durante todo ese tiempo, su herramienta principal —las ecuaciones en derivadas parciales— siguió siendo la cuerda bajo los pies del funambulista: invisible para el público, pero absolutamente necesaria para avanzar.
Yvonne Choquet-Bruhat escribió su primer trabajo sobre las ecuaciones de Einstein cuando tenía poco más de veinte años, y ese trabajo se convirtió en su tesis doctoral.
En la novela 'Contacto', de Carl Sagan, los extraterrestres transmiten a los humanos los planos de una máquina que curva el espacio-tiempo; sin el fundamento matemático establecido por Choquet-Bruhat, esos planos no serían más que dibujos.