Los PTA detectaron el fondo estocástico de ondas gravitacionales (GWB), y el telescopio JWST encontró agujeros negros demasiado masivos en el universo temprano. Los autores propusieron que los agujeros negros primordiales (PBH) — candidatos a materia oscura — aceleran el crecimiento de las estructuras y, al asentarse en los centros de los halos por fricción dinámica, se fusionan, amplificando el GWB. El análisis de 15 años de datos de NANOGrav confirma el modelo: el fondo se explica si los PBH constituyen ~10% de la materia oscura, y los de masa estelar representan ~1% de la población. Curiosamente, los mismos PBH que generan ondas gravitacionales forman naturalmente los agujeros negros supermasivos: una sola pieza resuelve dos misterios cosmológicos a la vez.
Los detectores de ondas gravitacionales captan un zumbido de baja frecuencia, parecido al sonido de una cascada lejana. El telescopio Webb encuentra en el universo temprano galaxias con agujeros negros que parecen demasiado masivos para su corta edad.
Si estos invisibles constituyen la materia oscura (como pensaban Zwicky y Rubin), en cada galaxia hay una cantidad incontable de ellos. Como guijarros en un arroyo, frenan al chocar con el gas y las estrellas, descendiendo lentamente hacia el centro. Allí, al fusionarse, generan ondas que crean el zumbido. Basta con que una fracción de un porcentaje de la masa total «se hunda» — como un puñado de piedritas cambia el sonido del río. Los cálculos coinciden con años de observaciones del proyecto NANOGrav. Además, este modelo también explica los gigantes tempranos: los agujeros negros ordinarios, al caer en esa corriente, crecen rápidamente. Así, una sola idea sencilla conecta tres grandes misterios del cosmos.
🎯 A diferencia de los [tag:black_hole]agujeros negros[/tag] estelares, los [tag:black_hole]primordiales[/tag] no tienen un límite inferior de masa: algunos pueden pesar menos que la Luna, siendo del tamaño de un guisante.