Una fina capa de aceite sobre la superficie del agua se rompe en gotas con el más mínimo empujón. Algo parecido ocurre en el viento de púlsar — el flujo de partículas que expulsa una estrella de neutrones de rápida rotación. En este flujo también hay capas de plasma que pueden descomponerse en grumos — islas magnéticas. Pero, a diferencia del aceite, estas capas llevan carga eléctrica.
En el nuevo estudio, los científicos, mediante simulaciones por computadora, descubrieron cómo afecta la carga a la ruptura. Primero, la capa cargada pierde uniformidad: en el plasma nacen oscilaciones rápidas — ondas de Bernstein (similares a las ondas que corren por una cuerda tensa). Estas ondas reorganizan la carga, y su distribución se vuelve moteada. Sin embargo, esto apenas afecta al crecimiento de las propias islas magnéticas — solo se cargan ligeramente.
Otro escenario — capas en rotación. Si la capa no solo está estirada, sino retorcida, como un embudo en el desagüe, la carga juega un papel más notable. En ciertas condiciones, la ruptura se acelera: las islas magnéticas se multiplican más rápido que en el caso sin carga. Esto recuerda a una hoja de papel con un corte, que se rasga más fácilmente si se arruga previamente. Los resultados ayudan a entender cómo la energía del viento de púlsar se convierte en radiación y partículas de alta energía.
Las ondas de Bernstein llevan el nombre del físico Ira Bernstein, quien las describió en 1958. No abandonan el plasma, sino que quedan atrapadas en su interior, como el sonido en un instrumento musical.