Imagina dos partículas, como nubes. Cada una se atrae a sí misma y a la otra. El entrelazamiento (una conexión cuántica especial) surge solo por la atracción mutua, no por la autoatracción. Si las nubes son difusas y una es mucho más ligera, el entrelazamiento crece rápidamente, destruyendo la partícula ligera. Pero si las nubes son estables y se mantienen unidas por su propia gravedad, el entrelazamiento casi no aparece.
La gran intriga: ¿obedece la gravedad las leyes cuánticas? Si es así, la atracción mutua de partículas las entrelaza en un entrelazamiento cuántico, como un baile donde los movimientos de los compañeros son indivisibles. Mientras que la autointeracción es solo admirar el propio reflejo, sin crear vínculo. Los físicos realizaron simulaciones numéricas de dos cuerpos en una línea, como funambulistas sobre una cuerda. Resultó que nubes difusas se entrelazan fuertemente (medida de entropía 0,87), mientras que grumos densos lo hacen débilmente (0,19). Pero si una partícula es más masiva, como un bailarín pesado, fragmenta a su compañera en pedazos, intensificando bruscamente el vínculo hasta 1,67, un dúo casi perfecto. No se requiere el colapso de sus superposiciones. Conclusión: la gravedad está cuantizada. Esto cambia nuestra visión del mundo e impulsa experimentos con esferas levitantes que "sentirán" la medición cuántica de la gravedad. Y la información cuántica abrirá nuevas tecnologías. Por cierto, la ecuación de Schrödinger-Newton, ideada contra la "difuminación" de la realidad, hoy funciona en modelos de materia oscura.
🎯 La ecuación de Schrödinger-Newton se inventó en su día para explicar por qué los objetos grandes no se difuminan en una niebla cuántica. Hoy se emplea inesperadamente para cálculos de materia oscura y estrellas de bosones.