Lanza una piedra a un estanque y verás círculos en el agua. Cuando la piedra se hunde, las ondas se expanden y poco a poco se desvanecen. Pero si miras en lo más profundo del espacio-tiempo, descubrirás que no funciona exactamente así. Una estrella que pasa, o incluso una partícula diminuta, deja tras de sí no solo ondas, sino un desplazamiento permanente, como si, después del paso de un barco, el nivel del agua en un lugar cambiara para siempre un poquito. Este fenómeno se llama memoria gravitacional.
Durante mucho tiempo se pensó que solo se podía captar el primer y más fuerte impulso, la llamada memoria lineal. Pero los autores del nuevo trabajo, basándose en las ideas de los físicos Stephen Hawking y Roger Penrose sobre la estructura del espacio-tiempo, mostraron cómo extraer de la señal también contribuciones más sutiles y no lineales. Para ello, aplicaron la técnica del 'vestido': rodear mentalmente cada partícula con una nube de cuantos suaves del campo, como si le pusieran un guante que amortigua las interferencias no deseadas. Este vestido resultó ser la única manera de reconciliar las matemáticas con lo que realmente se puede medir.
El resultado más intrigante tiene que ver con cómo se superponen estas huellas. Si no pasa un solo cuerpo, sino varios, sus memorias gravitacionales no simplemente se suman: interactúan, generando ondas de orden superior. Imagina que pasas el dedo varias veces por el mismo lugar en un cristal empañado. La primera huella es la más clara, pero cada pasada añade nuevas marcas, y al final el dibujo se vuelve más complejo. Los físicos han aprendido a calcular esta estructura en capas utilizando los llamados cálculos inclusivos, que tienen en cuenta todos los resultados posibles a la vez, y predicen exactamente lo que registrará el instrumento.
Este enfoque no solo pone orden en las ecuaciones. Ofrece una receta concreta para futuras observaciones: cómo ajustar el detector para que vea no solo el golpe brusco, sino también los ecos silenciosos de estrellas que pasaron hace mucho tiempo.
El efecto de la memoria gravitacional es tan débil que incluso tras la fusión de dos agujeros negros, el desplazamiento de los espejos en el detector LIGO sería de aproximadamente una milésima del diámetro de un protón.
En la novela 'Memoria' de Lois McMaster Bujold, el protagonista revive recuerdos ajenos, casi como un detector que lee las huellas gravitacionales de catástrofes cósmicas pasadas.