Los científicos descubrieron cómo una reacción nuclear en las estrellas (la transformación de carbono en oxígeno) influye en las masas de los agujeros negros que nacen. Resultó que, debido a esta reacción, los agujeros negros de estrellas solitarias no son más ligeros que 61–75 masas solares: es como un hueco entre panes ligeros y pesados salidos del mismo horno. Curioso, ¿y si la estrella hubiera amasado la masa de manera diferente?
Las ondas gravitacionales han desvelado el abismo: casi no nacen agujeros negros con masas entre 60 y 120 soles. Esta brecha la crean las supernovas por inestabilidad de pares, explosiones que no dejan ni una mota de polvo de la estrella. Que la estrella caiga en el abismo o sobreviva al borde lo decide la reacción del carbono con el helio, que controla la composición del núcleo.
Este proceso transcurre sin prisa: un pequeño aumento de velocidad bastaría para que todo el carbono se convirtiera en oxígeno, dejando al Universo sin vida. Fred Hoyle fue el primero en comprender que la reacción está ajustada con una precisión extrema; de lo contrario, habría cientos de veces menos carbono. Los nuevos datos han reducido las velocidades posibles casi a la mitad. Resulta que el borde del abismo está más lejos de lo que se creía: los agujeros negros comunes más ligeros empiezan entre las 61 y 75 masas solares. Un cambio de apenas un par de porcentajes y la frontera se desplaza decenas de masas.
🎯 La reacción entre el carbono y el helio es tan lenta que la menor aceleración dejaría al Universo sin vida basada en carbono.