Las antenas terrestres captan ondas de radio de muy baja frecuencia (VLF) que rebotan en la ionosfera. Durante las erupciones solares, los rayos X aumentan bruscamente la densidad de electrones en la capa D, lo que altera la fase de estas ondas. Un nuevo algoritmo detecta en tiempo real el 82.7 % de las erupciones de clase M y X en una cuarta parte de su tiempo de crecimiento. Combinando datos de varios transmisores, también se puede estimar el flujo de rayos X del Sol. Es como deducir el insecto atrapado por el temblor de una telaraña: escuchamos el «temblor» de la ionosfera.
La ionosfera a una altura de 70 kilómetros funciona como un espejo gigante para las ondas de radio. Las antenas terrestres le envían constantemente una señal y escuchan su reflejo. Cuando en el Sol se produce una erupción solar, un flujo de rayos X alcanza la Tierra en 8 minutos y densifica la capa inferior de la ionosfera. Es como inclinar ligeramente el espejo: el rayo reflejado cambia de fase (el tiempo de llegada de la onda). Los receptores sensibles detectan este desplazamiento e inmediatamente alertan sobre potentes erupciones de clase M y X, peligrosas para los satélites y las redes eléctricas.
El sistema combina datos de varios transmisores, como si observáramos el espejo desde diferentes ángulos, y mediante una evaluación espectrométrica determina la intensidad del estallido. Las antenas terrestres son baratas y no dependen de satélites que pueden retrasar los datos. En el futuro, esto formará parte de una protección global contra el clima espacial.
🎯 Las ondas ultralargas utilizadas en este método pueden atravesar el agua, por eso se emplean para comunicarse con submarinos a gran profundidad.
🎬 Ahora no solo leemos sobre el clima espacial en la ciencia ficción, sino que escuchamos las tormentas solares a través del espejo de radio de la ionosfera.