El universo podría perecer en el «Gran Desgarro»: la energía oscura lo hará pedazos. Las observaciones de galaxias lejanas no nos dicen si sucederá en un futuro cercano, pues su luz ha viajado miles de millones de años. Pero el movimiento de los planetas en el Sistema Solar muestra que hasta el posible desgarro quedan al menos 30 años. Resulta que nuestro destino no está oculto en las profundidades del cosmos, sino justo delante de nuestras narices.
El Universo es como un globo gigante inflado por la energía oscura. Normalmente, esta bomba invisible funciona sin variaciones, pero podría acelerarse de repente y hacer que el globo reviente en el Gran Desgarro. Durante mucho tiempo, el ritmo de inflado se deducía del corrimiento al rojo de galaxias distantes (descubierto por Edwin Hubble), de las explosiones de supernovas (por las que Adam Riess y Saul Perlmutter recibieron el Nobel) y de la radiación fósil del Big Bang. Pero esa luz viajó miles de millones de años y no nos cuenta qué está pasando con la bomba ahora mismo. En cambio, los planetas —como puntos brillantes en el globo— detectan los cambios al instante: cualquier aceleración de la expansión distorsionaría sus órbitas bajo el efecto de la gravedad.
El análisis de las trayectorias de la Tierra, Marte y, sobre todo, Saturno muestra que, incluso si el modo destructivo se activara hoy, tendríamos al menos 30 años antes de la catástrofe. Este plazo lo indican mediciones precisas y la velocidad de expansión, base del modelo cosmológico. Resulta asombroso que la densidad de la energía oscura sea insignificante —en el volumen de la Tierra equivaldría a un grano de arena—, pero ese «grano» decide el destino de todo. Y antes de que llegue el fin, sus señales precursoras aparecerán justo en el sistema solar.
🎯 Si la transición fantasma hubiera ocurrido el año de la fundación de Roma, solo ahora la notaríamos, por una sutil deriva en la órbita de Saturno.