Un espectro es como una fotografía del interior de una sustancia, tomada con luz. Cuando un haz atraviesa la muestra o se refleja en ella, las moléculas dejan en esa foto unas bandas oscuras características: los picos. Pero si la imagen está sobreexpuesta o cubierta por un velo gris, distinguir los detalles resulta casi imposible. Este es el problema al que se enfrentan a diario químicos y científicos de materiales: los instrumentos producen gráficos llenos de interferencias, y saber dónde está la señal real y dónde un pico aleatorio no es tarea fácil.
Han creado un programa que no se limita a buscar picos de forma directa, sino que contrasta con información adicional, como el punto de fusión conocido de la sustancia o su velocidad de descomposición. Si un pico del gráfico sugiere que el plástico debería degradarse en un mes, pero las mediciones reales indican un año, el programa entiende que ese pico es un espejismo generado por el ruido. Este enfoque, denominado bayesiano (es decir, que trabaja con probabilidades y no con un rígido sí/no), permite encontrar señales débiles pero físicamente significativas incluso donde los métodos automáticos convencionales se rinden. Por ejemplo, en los espectros infrarrojos del ácido poliláctico, un plástico biodegradable, se han podido distinguir picos directamente relacionados con la rapidez con que el material se descompone en la naturaleza. Así, la imagen ruidosa recupera su nitidez y los detalles ocultos se hacen visibles.
El ácido poliláctico, sobre el que se probó el método, no es solo una muestra de laboratorio. Con él se fabrican suturas quirúrgicas solubles y envases biodegradables, y su velocidad de degradación es de importancia crítica para la medicina y la ecología.
En la novela 'La era del diamante', de Neal Stephenson, la materia se ensambla átomo a átomo y sus propiedades se leen al instante a partir de espectros perfectos, sin ruido ni ambigüedad.