Se ha evaluado la posibilidad de comprobar la naturaleza del objeto compacto mediante sondas en órbita alrededor del agujero negro más cercano. Anteriormente se demostró la viabilidad básica de una misión interestelar en las próximas décadas, a pesar de su carácter especulativo y sus dificultades técnicas. Una misión de alrededor de un siglo de duración exigiría recursos colosales, por lo que es fundamental determinar si permitiría investigar los agujeros negros y la relatividad general a un nivel inalcanzable para los medios de observación del Sistema Solar en un futuro previsible. En el presente trabajo se asume la capacidad de la nave para frenar, y se realiza un análisis preliminar de cómo las sondas orbitales pueden poner a prueba la naturaleza del objeto compacto.
Quieren enviar una sonda al agujero negro más cercano. Cien años de vuelo — y entrará en órbita alrededor del misterio. Lo principal: ¿agujero negro o estrella de neutrones? El primero no tiene superficie, solo un abismo sin fondo. La segunda tiene una corteza sólida de densidad supranuclear.
La respuesta la dará la trayectoria. El espacio curvado alrededor del agujero negro dicta a la sonda un camino, predicho por Einstein. Una estrella de neutrones influye de manera distinta. Es como un bote en un remolino: el vórtice succiona de forma diferente a una montaña submarina.
El más cercano es Gaia BH1, a 1560 años luz. La sonda necesitaría una velocidad del 5% de la luz, algo inimaginable hoy día. Y su señal tardaría otros 1560 años en regresar — solo los descendientes lejanos verán la respuesta.
🎯 El agujero negro más cercano, Gaia BH1, está a 1560 años luz. Para llegar en cien años, la sonda necesitaría una velocidad cercana al 5% de la velocidad de la luz, cien veces más rápido que cualquier nave actual.
🎬 Como en «Interstellar», la órbita alrededor de un agujero negro se convierte en la clave para entender la gravedad.