Una orquesta en la que cada músico toca su parte sin escuchar a los demás. De repente, sin una orden visible, los vecinos de atril empiezan a sincronizarse a la perfección, pero aún no hay una melodía común. Algo parecido ocurre en algunos materiales al enfriarse: los electrones pierden energía, como si se prepararan para la superconductividad, pero nunca llegan a ella. Este estado se denomina pseudobrecha y ha sido un enigma durante décadas.
Los autores del trabajo abordaron el problema a través del prisma del entrelazamiento, una conexión cuántica en la que las partículas dejan de ser independientes. Con un simulador de átomos ultrafríos (una nube de partículas enfriada casi hasta el cero absoluto) midieron cómo se entrelazan los espines de los electrones, sus diminutos momentos magnéticos. Descubrieron que un entrelazamiento especial, en el que los espines de dos vecinos forman un par con momento total nulo, aparece justo en el momento en que surge la pseudobrecha. Y, a diferencia de las correlaciones ordinarias, no se extiende más allá de los vecinos más cercanos.
Este resultado asesta un golpe a las teorías que explicaban la pseudobrecha mediante fluctuaciones clásicas, como las oscilaciones de la densidad de carga. Si las fluctuaciones fueran clásicas, el entrelazamiento no se limitaría a los vecinos. Ahora los científicos tendrán que construir modelos en los que las conexiones cuánticas entre átomos próximos desempeñen un papel protagonista. Así, la orquesta de electrones, que aún no ha interpretado la sinfonía de la superconductividad, ya se está afinando por parejas, y ese ajuste es un efecto puramente cuántico.
Los átomos ultrafríos del simulador se enfrían a temperaturas de milmillonésimas de grado por encima del cero absoluto, más frío que el espacio interestelar.