El universo se parece a un bosque denso: de cerca se ven árboles-galaxia individuales, agrupados en arboledas, pero desde lejos todo se funde en un verde continuo. El límite a partir del cual el cosmos se vuelve homogéneo se llama escala angular de homogeneidad: es el tamaño de la porción de cielo a partir de la cual las galaxias se distribuyen uniformemente.
Los astrónomos analizaron los datos del proyecto DESI, que mediante espectroscopia (descomposición de la luz) midió las distancias a cientos de miles de galaxias rojas brillantes. Los científicos «cortaron» el espacio en capas correspondientes a épocas de hace 4 a 7 mil millones de años, y observaron solo las coordenadas angulares, como si evaluaran la copa del bosque desde diferentes colinas.
Resultó que a ángulos superiores a 70 grados (decenas de Lunas llenas en fila) las aglomeraciones desaparecen, y el universo se vuelve estadísticamente liso. Este resultado coincidió exactamente con las predicciones del modelo cosmológico estándar y con observaciones anteriores. Así, el principio fundamental de homogeneidad resiste la prueba de los datos más recientes.
La homogeneidad cósmica no es solo un principio filosófico: sin ella no podríamos medir distancias en el universo de manera fiable, y la propia teoría del Big Bang perdería su sustento.