Los físicos crearon una olla para palomitas cuánticas: una nube de átomos de rubidio, enfriada hasta un único estado cuántico —más fría que el espacio exterior. Los átomos de cesio lanzados allí, como granos, «explotaban» por la energía interna al chocar. El intercambio de espín —momento magnético— liberaba esa energía, como el vapor en un grano. De este modo, el cesio se aceleraba, esquivando el usual aumento del desorden.
Este «motor» cuántico funciona según las reglas de la microtermodinámica, donde las partículas están en varios estados a la vez y muestran dualidad —ideas de Einstein, Boltzmann y Schrödinger.
Sorpresa: aunque la «olla» está helada, los átomos-grano se agitan como en aceite hirviendo. Poco a poco el movimiento se calma —por el olvido cuántico—, pero instrumentos ultrasensibles captaron cada salto. En el futuro, estos brincos servirán para la electrónica atómica.
La temperatura de la nube (460 nK) es millones de veces menor que el fondo cósmico, pero el cesio en su interior se agita con energía de temperatura ambiente —un contraste que desconcierta.