El vacío nunca está completamente vacío. En un espacio curvo —por ejemplo, en un universo en expansión o cerca de un agujero negro— el vacío se calienta. Esto recuerda a la situación en la que la aceleración hace que las partículas aparezcan como de la nada: un fenómeno conocido como radiación térmica del vacío.
Los físicos han construido un modelo de batería cuántica que capta ese calor. La batería es un diminuto detector que se mueve con aceleración a través del campo cuántico. En el trabajo se consideran dos tipos de espacios curvos. Uno se expande, como nuestro universo. El otro tiene forma de silla de montar con fronteras. En ambos casos, la batería se carga gradualmente, extrayendo energía del vacío. La carga final depende solo de la aceleración y la curvatura, pero no de los detalles del entorno.
Este enfoque convierte a la batería en una herramienta para estudiar las propiedades térmicas del vacío. Sirve como una sonda que siente la temperatura global del espacio-tiempo, independiente de las particularidades locales. Es un paso hacia la comprensión de cómo trabajan juntas la mecánica cuántica y la gravedad.
Incluso en el espacio absolutamente vacío, según la teoría cuántica, constantemente nacen y desaparecen pares de partículas. La aceleración o la gravedad pueden convertir esas partículas virtuales en reales, creando radiación térmica.
En la novela 'Solaris' de Stanisław Lem, el océano quizás extrae energía de las fluctuaciones cuánticas del vacío —una idea que resuena con las baterías cuánticas alimentadas por el propio tejido del espacio.